lunes, 13 de abril de 2015

Con Alegría Seminaristas recibieron Lectorado y Acolitado

Seminaristas de la Diócesis de Puerto Cabello recibieron Ministerios

El pasado sábado 11 de abril, en horas de la mañana dos seminaristas de la Diócesis de Puerto Cabello: Eder Graterol y Mario Granadillo recibieron en la Catedral San Jose los Ministerios del Acolitado y Lectorado conferidos por el Obispo de la diócesis Monseñor Saul Figueroa quien estuvo acompañado en la Celebración Eucarística por los sacerdotes; Alexander Chacon, Carlos Faneites, Wolfang Gonzalez, Ricaurte Ramirez, Sergio Valentino y Jose Alberto Sequera.
Estos dos Ministerios anteceden al Orden Sacerdotal. El Lectorado que recibió Mario Granadillo estudiante del 2° año de Teología en el Seminario Jesús Buen Pastor de Ciudad Bolívar, le da la facultad de predicar y enseñar la palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas, a excepción del evangelio, que lo debe hacer un ministro ordenado. Mientras que el Acolitado conferido a Eder Graterol, quien cursa 3er año de Teología en el Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino de San Cristóbal, le permite servir al altar, así como ofrecer la comunión a enfermos y  a quienes no pueden acercarse a las eucaristías, el Acolitado esta ligado a la parte Eucarística dentro de la misa.


Durante la Homilía Monseñor Saul Figueroa destaco "los ministerios que reciben hoy estos jóvenes no son escalafones, es un encargo, una función que reciben, no para que vean a las demás personas por encima del hombro no, es para que estén mas cercanos, a sus hermanos, a quien los necesite, es para que sean mas humildes, mas servidores como lo hizo Jesús cuando lavo los pies a sus  discípulos, El siendo el Mesías se humillo e hizo como si fuera un esclavo, así debemos ser los sacerdotes mas serviciales, porque el Sacerdocio no es una carrera, es un Ministerio de Servicio a los demás"


Conozcamos un poco mas a nuestros Seminaristas

Mario José Granadillo Marín, nació el 25 de agosto de 1986 en el Hospital Adolfo Prince Lara de Puerto Cabello, sus padres Mario José Granadillo e Isaura Marín, residenciado en  la parroquia Santa Ana del municipio Juan Jose Mora. Sus inicios en la Iglesia Católica los realizo en el Grupo Juvenil “Emmanuel”de la capilla Sagrado Corazón de Jesús del Barrio Coro, pero su vocación al servicio de los más necesitados nació y comenzó con la Pastoral Juvenil de la Diócesis al  atender a las personas de la calle (Indigentes) donde presto sus servicios durante 4 años, su proceso vocacional  comenzó de manos del padre encargado de la Pastoral Vocacional para ese entonces el Pbro. Jesús Duque y del recordado Pbro. Jose Gregorio Zambrano(+).  Paso 3 años discerniendo sobre su vocación contando con la ayuda y el apoyo de los seminaristas hoy sacerdotes Wuilis Azuaje y Sergio Valentino Medina. Decide entrar al Seminario Mayor Nuestra Señora Del Socorro de Valencia,  el 20 de septiembre del 2007, actualmente estudia en ciudad Bolívar en el Seminario Mayor Jesús Buen Pastor 2do año de Teología.




Eder Maximino Graterol Lopez, nació un 29 de mayo de 1990, en el Hospital Adolfo Prince Lara de Puerto Cabello, hijo de Betty Lopez y Obdulio Graterol sus primeros pasos en la Iglesia Católica los realizo en su parroquia; Cristo Rey, de Juan Jose Mora con el padre Ricaurte Ramirez, participando en grupos juveniles y en la Pastoral Vocacional dirigida en ese tiempo por el Pbro. Jesús Duque y el recordado Pbro. Jose Gregorio Zambrano(+), viendo su vocación de servicio y potencial el Obispo de esa época Monseñor Ramon Jose Viloria le propone la posibilidad de ingresar al Seminario Diocesano Santo Tomas de Aquino de San Cristobal estado Tachira, oportunidad que no desaprovecho y dos meses mas tarde ingresa al Seminario donde actualmente estudia 3er año de Teología.

 Ambos Seminaristas manifestaron sentirse muy emocionados por este importante paso en sus vidas e invitan a los jóvenes a "arriesgarse a seguir a Jesús y que debe ser el centro de sus vidas"

































Misa Bendición del Mar, Domingo de Resurreccion

Monseñor Saúl Figueroa, durante Misa Bendición del Mar
“Señor, danos la paz para Venezuela”
El pasado domingo 5 de abril, Domingo de Resurrección a las 6 y 20 minutos de la mañana se llevo a cabo en el malecón de la ciudad de Puerto Cabello, la tradicional Misa de la Bendición del Mar, este año en su aniversario número 153, la cual estuvo presidida por el Obispo de la Diócesis de Puerto Cabello Monseñor Saúl Figueroa Albornoz y concelebrada por los sacerdotes: Alexander Chacon, Jose Alberto Sequera, Hector Tzoc y el diacono David Oropeza acompañados por seminaristas y monaguillos de la parroquias Catedral, Coromoto y Virgen del Valle.
El acto religioso concentro a mas de 10 mil personas de diferentes estados del país además de las autoridades civiles y militares del municipio, quienes recibieron al final de la Santa Misa la esperada bendición, momento solemne que realizo el Obispo con el Santísimo acompañado de fuegos artificiales, pitos, sirenas de embarcaciones y pétalos de rosa lanzados por un helicóptero de la Aviación Naval. Al final de la bendición Monseñor Figueroa pidió por “la paz del país”, palabras que conmocionaron a los presentes.
A continuación texto completo de la Homilia Mons. Saúl Figueroa, Obispo de Puerto Cabello:

1.    Hoy domingo de Resurrección del Señor celebramos la Misa de la bendición del mar.  La Resurrección de Cristo es la principal creencia de nosotros los cristianos. San Pablo afirmó: “Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe”  (1Co15, 14). Todo  sería  absurdo. Si Cristo no hubiera resucitado, el puente entre la  tierra y el cielo se habría caído para siempre.  Por  consiguiente hermanos ante este imponente mar Caribe,  afirmamos como San Pedro en Jerusalén lo siguiente: “Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver (…) a nosotros,  que hemos comido y bebido con él después de su resurrección” (He 10,34-37). El  nos ha abierto nuevamente el camino al cielo. Y por eso hoy no debemos anteponerlo a ninguna criatura o  energía o  fuerza extraña.

2.    Debemos  destacar  la confianza que hoy nos trae la Resurrección. Sé que vivimos momentos difíciles por problemas personales o comunitarios. Quién de nosotros no tiene problemas de cualquier índole: angustias, enfermedades, problemas para educar nuestros hijos, problemas en nuestro hogar. Tampoco podemos ocultar la gran crisis que tiene el país. Sin embargo, después de la Resurrección de Cristo, tenemos una respuesta para nuestra existencia, tenemos una solución para nuestra vida y para nuestro país. El país se salvará si ponemos nuestra confianza en Cristo no solamente en nosotros mismos. Recordemos las palabras de Jesús: “Yo soy la luz del mundo”. “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia”. “Yo soy el camino la verdad y la vida”. Por tanto hermanos. Ánimo a pesar de todo,  nadie nos separará del amor de Dios quien ha vencido a la muerte y el mal.

3.    Esta misa  de la bendición del mar también es una expresión de  la Resurrección de Cristo en nosotros.  En efecto, al bendecir el mar, hacemos que él se convierta en una gran pila bautismal que  nos recuerda  que estamos resucitados en Cristo, pues “Por el bautismo fuimos incorporados a Cristo por su muerte y fuimos resucitados con él, porque  si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estarán también en una resurrección como la suya” (Rom 6, 1-4).  Con el bautismo,  nosotros también resucitamos. El bautismo es, por tanto,  la muerte del hombre viejo y el resurgimiento del hombre nuevo.

4.    Pero no es suficiente que sepamos que nuestro mar está bendito y que llevemos agua bendita a nuestras casas y  que ambas cosas nos recuerden nuestro bautismo. Es necesario confirmar esto con hechos en nuestras vidas. Es lo que dice San Pablo hoy en la segunda lectura a los Colosenses: Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Por tanto, es necesario que demos testimonio de la resurrección que hemos recibido en el bautismo. Dar testimonio de la resurrección por nuestro comportamiento. San Pablo en su Carta a los Gálatas habla de los frutos que tenemos que manifestar como  resucitados. “Los frutos del espíritu son el amor, la alegría, la paz, la paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí”.    Venezuela está hoy necesitada de  respeto mutuo, de paz  y de  comprensión de unos con otros.   Por tanto, queridos hermanos,  roguemos al resucitador para que nos otorgue   el don de la paz y todos nos pongamos a trabajar fuertemente para resolver los grandes problemas que confrontamos. Unidos todos. Aportando soluciones. Ruego, por favor que no nos quedemos en la crítica destructiva, sino que aportemos soluciones y  trabajemos  con iniciativa e inventiva.

5.    Pero  también al bendecir el mar,  le pedimos e imploramos  a Dios por este importante recurso y por todas las personas e instituciones que dependen de él.
Pedimos porque siga produciendo su flora y su fauna  tan necesaria para nosotros. Que abunden todo tipo de  peces y demás especies marinas.
Pedimos por todos nuestros hombres  y mujeres que dependen del mar para su subsistencia, particularmente los pescadores.
Pedimos por sus guardianes. Los distintos componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, particularmente, la Armada y la Guardia Nacional. También pedimos por La Capitanía de Puertos.
Pedimos por las empresas públicas y privadas que están vinculadas al mar para que sus planes y proyectos se consoliden. Pedimos por nuestro Puerto, por Bolipuerto, por las aduanas, las navieras, las  almacenadoras, los transportistas. Por todos los directivos, empleados de estas empresas.
Pedimos por todo el eje costero del Estado Carabobo, Puerto Cabello y Juan José Mora, para que sus ciudades y localidades se consoliden y sus proyectos se puedan efectuar y desarrollar con gran éxito hacia nuestro pueblo.
  1. Por último hago una exhortación  para que como ciudadanos cuidemos   nuestro mar, lo mantengamos limpio. Recojamos la basura, cuidemos nuestras playas y balnearios, no pesquemos aquellas especies que estén prohibidas  y cuidemos su flora.
  2. Y nunca olvidemos que el  mar  y el agua son  un signos de la presencia salvífica de Dios. El famoso cantico de los tres jóvenes del Libro  de Daniel, exalta a todas las criaturas, entre ellas el mar:
“Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Montes y cumbres, bendecid al Señor
MARES y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

 8.     Para finalizar quiero agradecer a las autoridades nacionales,  regionales y  locales, a los cuerpos de seguridad del Estado. Las autoridades militares, a los empresarios privados (Venecia Ship) y particularmente al Sr. Alcalde y su equipo de gobierno por el interés y apoyo a esta actividad de la Bendición del mar. Así mismo por el apoyo brindado a las actividades de la semana santa de la diócesis y de  las parroquias. Que Dios les bendiga y les  siga fortaleciendo para que puedan seguir trabajando en beneficio nuestro  pueblo.  

A TODOS  UNAS FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN.







 La naturaleza nos regalo un espectáculo de aves en pleno momento de la Bendición




viernes, 13 de marzo de 2015

Semana Santa, Actividades



Hermanos les invitamos a vivir una Experiencia de fe única en esta Semana Santa desde el viernes 27 de marzo al domingo 5 de abril, hemos preparado una programación especial para renovar nuestra fe católica


27/3/2015 Viernes de Concilio
 8:00 am Via Crucis por la Vida y la No Violencia (Aniversario XVII del fallecimiento de Mons. William Guerra)  Plaza Concordia.
Santa Misa 11:00 am Iglesia El Rosario.

Pascua Juvenil Vocacional Misionera (del 27 al 31 de marzo Colegio Hermana Dolores Fe y Alegría).


29/3/2015 Domingo de Ramos
7:30 am Malecón de Puerto Cabello Bendición de las Palmas.
8:00 am Santa Misa Catedral San Jose
10:00 am Concierto Sacro edición N° 52 por la
"Orquesta Sinfónica de Falcón y Coral Falcón" en Catedral San Jose.

31/3/2015  Martes Santo
8:00 am "II Encuentro Diocesano de Parroquias" Teatro Municipal, Puerto Cabello.


2/4/2015 Jueves Santo
10:00 am Misa Crismal, Catedral San Jose.

3/4/2015 Viernes Santo
4:00 pm Encuentro de las Imágenes, Plaza Concordia.

4/4/2015 Sábado Santo
9:00 pm Vigilia Catedral San Jose.

5/5/2015 Domingo de Resurrección 
6:00 am Bendición del Mar, Malecón de Puerto Cabello.




Nota: Cada parroquia de nuestra Diócesis tiene su programación establecida, estas son algunas de las actividades diocesanas y de la parroquia Catedral San Jose.












Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015



«Fortalezcan sus corazones» (St 5,8)

Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.
Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.
Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.
Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra.
Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.
El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.
1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia
La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.
Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen "parte" con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.
La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos.
Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.
2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades
Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).
Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.
En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia.
La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).
También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.
Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.
Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.
3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente
También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.
Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31).
Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: "Fac cor nostrum secundum Cor tuum": "Haz nuestro corazón semejante al tuyo" (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.
Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.
Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís
FRANCISCUS PP.

miércoles, 11 de marzo de 2015

“24 horas para el Señor”

Viernes 13 y sábado 14
“24 horas para el Señor”

“Debemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia los días 13 y 14 de marzo (“Dios rico en misericordia”), es expresión de esta necesidad de la oración”. Papa Francisco.

La Iglesia Católica universal realizara durante los días viernes 13 y sábado 14 de marzo del presente año, las “24 horas de oración para el Señor”, tal y como lo anuncio el Santo Padre Francisco en su mensaje para La Cuaresma 2015. En nuestra Diócesis todas las Iglesias de las parroquias estarán abiertas para esta actividad la cual iniciara el día viernes, en la Catedral San José comenzara a las 7:00 de la noche con una Celebración Penitencial de apertura a cargo de Monseñor Saúl Figueroa Albornoz Obispo de la Diócesis donde además se impartirá el Sacramento de la Penitencia.

“La Cuaresma es tiempo de conversión, de cambio y la mejor manera de hacerlo es a través de la Oración, es por ello que el Papa recomienda en este tiempo hacer esta jornada de oración continua y dentro de la jornada aprovechamos la recepción del Sacramento de la Penitencia para que el Señor nos ayude a nuestra conversión y aprovechar la Misericordia de Dios como lo indica el Papa en su Exhortación de Cuaresma “Dios es rico en Misericordia”,” expreso Monseñor Figueroa.

¿Qué es el Sacramento de la     Penitencia?
El Sacramento de la Penitencia, o Reconciliación, o Confesión, es el sacramento instituido por Nuestro Señor Jesucristo para borrar los pecados cometidos después del Bautismo. Es, por consiguiente, el sacramento de nuestra curación espiritual, llamado también sacramento de la conversión, porque realiza sacramentalmente nuestro retorno a los brazos del padre después de que nos hemos alejado con el pecado.

A continuación una parte del Libro del Papa Francisco: “Custodia El Corazón, donde habla de la: Confesión y Perdón de los pecados, además propone 30 preguntas para un buen Examen de Conciencia:

“Por qué confesarse ¡Porque somos pecadores! Es decir, pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien dice estar sin pecado es un mentiroso o un ciego. En el sacramento Dios Padre perdona a quienes, habiendo negado su condición de hijos, se confiesan de sus pecados y reconocen la misericordia de Dios. Puesto que el pecado de uno solo daña al cuerpo de Cristo que es la Iglesia, el sacramento tiene también como efecto la reconciliación con los hermanos.

Cómo confesarse
 No es siempre fácil confesarse: no se sabe que decir, se cree que no es necesario dirigirse al sacerdote…Tampoco es fácil confesarse bien: hoy como ayer, la dificultad más grande es la exigencia de orientar de nuevo nuestros pensamientos, palabras y acciones que, por nuestra culpa, nos distancian del evangelio. Es necesario «un camino de auténtica conversión, que lleva consigo un aspecto “negativo” de liberación del pecado, y otro aspecto “positivo” de elección del bien enseñado por el Evangelio de Jesús. Este es el contexto para la digna celebración del sacramento de la Penitencia. El camino a recorrer, comienza por la escucha de la voz de Dios y prosigue con el examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda, la invocación de la misericordia divina que se nos concede gratuitamente mediante la absolución, la confesión de los pecados al sacerdote, la satisfacción o cumplimiento de la penitencia impuesta, y finalmente, con la alabanza a Dios por medio de una vida renovada.

Qué confesar
«El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerde, tras examinar cuidadosamente su conciencia. La confesión de las faltas veniales, está recomendada vivamente por la Iglesia». (Catecismo de la Iglesia Católica, 1493)

Examen de conciencia
Consiste en interrogarse sobre el mal cometido y el bien emitido: hacia Dios, el prójimo y nosotros mismos.

En relación a Dios
 ¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad? ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de fiesta? ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración? ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos? ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico? ¿Qué hago para crecer espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago? ¿Me revelo contra los designios de Dios? ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

En relación al prójimo
¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Soy envidioso, colérico, o parcial? ¿Me avergüenzo de la carne de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de los enfermos? ¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte? ¿Incito a otros a hacer el mal? ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio? ¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de mis hijos? ¿Honro a mis padres? ¿He rechazado la vida recién concebida? ¿He colaborado a hacerlo? ¿Respeto el medio ambiente?

En relación a mí mismo
¿Soy un poco mundano y un poco creyente? ¿Cómo, bebo, fumo o me divierto en exceso? ¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes? ¿Cómo utilizo mi tiempo? ¿Soy perezoso? ¿Me gusta ser servido? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones? ¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?

Acto de contrición
 Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis pecados, y me has de llevar a la vida eterna.

“Custodia El Corazón”
“Tenemos que convertirnos en cristianos valientes”
Francisco

Este libro de bolsillo fue entregado como regalo del Papa Francisco a los peregrinos que acudieron al rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro el 22 de febrero de 2015. Explicó que “este libro recopila algunas enseñanzas de Jesús y los contenidos esenciales de nuestra fe”.